2006-11-29

Sueño de la noche del 28 de Noviembre del 2006

Estaba con mi familia, en un bote o en la orilla del mar. Yo estaba pescando y, la primera vez, se me cortó el anzuelo. Entonces nos pusimos a buscar, en las cajas de pesca de mi viejo, anzuelos grandes o cualquier cosa que nos sirviera. Eran peces como atunes.

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Era un lugar como Japón o China. Tomaba un taxi, tipo concho dominicano, pero muy moderno, todo impecable. Justo antes de que yo subiera, suben dos nenitos orientales, muy bien vestidos. Ella se sienta adelante y él se sienta atrás.

Yo estaba con un bolso chico, como un maletín, que coloco en el asiento de adelante, que tenía el respaldo inclinado hacia adelante. Más atrás hay otro pasajero.

La ciudad es muy linda. El nene le pide al chofer que doble para dejarlo mejor. Esto lo entiendo no por el idioma, sino por las señas.

Al doblar, pasamos por un edificio que identifico como de la Policía Federal Argentina o algo relacionado con Argentina. A pocos metros se detiene el auto y se bajan los dos nenes, que son recibidos por una señora que sale de ese edificio.

Al rato sigo en el taxi, pero ya no estaba el otro pasajero. El taxista trata de preguntarme a dónde voy. No tiene cara de oriental. En inglés le pregunto si habla español y él me pregunta si soy colombiano. Le digo que no, que soy argentino.

No recuerdo de dónde es él. Le muestro una tarjeta que alguien me había dado: vieja, medio manchada, con una dirección escrita como en lápiz.

Mientras hablamos, el auto estaba detenido y, como si no tuviera puertas, estaba todo abierto. Se acercan varios niños, cinco o seis, como de la calle, y se suben todos al auto y me miran. Yo trabo el maletín para que no se lo lleven.

El taxista me hace un comentario: que debo cuidarme mucho porque hay robos de gente con aspecto muy fino, bien vestida. Me cuenta la historia de un extranjero al que una mujer muy bella asaltó en su hotel y no le dejó nada.

Uno de los niños se me sube encima de las piernas y trato de hablar con ellos en inglés, pero no me entienden. Más allá se ve un cartel, como en Blade Runner, que transmite televisión, y trato de preguntarles si miran televisión, si les gusta, pero tampoco me entienden.

El taxista me dice que ese destino queda muy lejos, que no le conviene, como que no quiere ir. Yo trato de explicarle que no importa mucho, que solo tengo que ir al aeropuerto, y que alguien me había dado esa dirección como para pasar a saludar o algo así.